¿Adiós a los coches? Las ciudades europeas están cambiando sus hábitos

Muchas ciudades en toda Europa están tomando medidas urgentes para reducir los crecientes niveles de contaminación atmosférica procedentes de las zonas urbanas congestionadas.

Si bien la mala calidad del aire está lejos de los niveles tóxicos observados en ciudades como Pekín, se está convirtiendo rápidamente en motivo de preocupación. A principios de este año, la Comisión Europea emitió advertencias para una serie de países, incluyendo Alemania, Francia, España, Italia y el Reino Unido, donde los límites legales de contaminación se superan de forma habitual en sus principales ciudades,.

Según el reciente informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) sobre la calidad del aire en Europa, la contaminación atmosférica causa anualmente 467.000 muertes prematuras en todo el continente. El riesgo es mayor en las áreas urbanas, donde el 85 por ciento de sus habitantes está expuesto a altos niveles de contaminación.

De hecho, algunas ciudades europeas tienen los niveles de dióxido de nitrógeno NO2 más altos del mundo, debido a que los motores diésel de los vehículos producen una gran cantidad de este gas. Cuando se inhala, puede causar asma, enfermedad cardíaca y cáncer de pulmón.

Adoptar nuevas líneas de acción

Ante la evidencia y las advertencias, muchas ciudades europeas han puesto en marcha una serie de iniciativas para abordar el problema.

Cada ciudad es diferente, con sus propias condiciones geográficas, meteorológicas e industriales“, dice Franz Jenowein, Director de Global Sustainability Research de JLL. Las soluciones propuestas son igualmente variadas. “Estamos viendo propuestas como zonas libres de automóviles, trato preferente para vehículos eléctricos o restricciones de circulación para los vehículos más contaminantes”.

Londres, por ejemplo, está planeando la primera Zona de Emisiones Ultra Reducidas del mundo. Esta medida afectará a los vehículos de gasolina que no cumplan con los estándares Euro 4 y a los diésel por debajo de los estándares Euro 6, a los que se les aplicará un peaje diario extra para poder circular por el centro de la ciudad. El importe variará entre los  £ 12,50 para los coches y los £ 100 para autobuses y vehículos pesados.

Se espera que este plan sirva para reducir las emisiones de dióxido de nitrógeno en un 50% para 2020. Sin embargo, según Jenowein, esta medida tiene implicaciones relacionadas con la vivienda y el mercado residencial. “A medida que aumenta la renta en la ciudad, la gente se muda a las afueras. Si los costes del transporte se incrementan para evitar la congestión, es algo que hay que tener en cuenta”, dice.

En el caso de París, el objetivo es reducir a la mitad el número de automóviles mediante la peatonalización del centro de la ciudad. De momento está previsto cerrar la calle paralela al río Sena y se han previsto restricciones de tráfico en dos carreteras principales que cruzan la ciudad de este a oeste. En paralelo, la alcaldesa Anne Hidalgo ha anunciado la construcción de un tranvía eléctrico para proporcionar una alternativa de transporte libre de emisiones.

Sacar los coches de las calles

Algunas ciudades van aún más lejos. Oslo está dispuesta a prohibir todos los coches privados de sus calles en 2019, a la vez que se invierte en transporte público y en la construcción de más de 35 kilómetros de carril bici.

Otro ejemplo es Ljubljana. En 2007 la capital de Eslovenia cerró al tráfico de vehículos a motor la zona de la ciudad vieja. Hoy el centro de la ciudad se ha transformado en un próspero punto de encuentro cultural con prioridad para los peatones, ciclistas y el transporte público.

También existe la opción es limitar el volumen de tráfico., tal y como ha hecho Sarajevo.  Debido a ubicación en un valle rodeado de montañas, la capital de Bosnia vive envuelta en una cortina de humo casi permanente. En diciembre de 2016, las autoridades restringieron el uso del vehículo en la ciudad, permitiendo la circulación alterna de vehículos en función de si su matrícula es par o impar.

En los Países Bajos están adoptando una táctica ligeramente diferente. A partir de 2025 estará completamente prohibido vender vehículos de gasolina y gasóleo. De tal forma, sólo será posible adquirir vehículos con emisiones cero, como los que funcionan con electricidad o hidrógeno. A pesar de la oposición, el parlamento holandés votó a favor de esta medida en junio de 2016. Alemania ha establecido una iniciativa similar para 2030.

Uno de los grandes problemas de esta medida es el elevado precio de los vehículos menos contaminantes. Para que el cambio ocurra, los coches eléctricos deben ser asequibles. La solución de Alemania es ofrecer ayudas públicas de hasta 4.000 € a los compradores que eligen un vehículo eléctrico.

Además, para que la adopción del vehículo eléctrico sea significativa, debe ir acompañada de una transición a energías renovables. “Si electrificamos la movilidad pero no podemos descarbonizar la generación de energía, podríamos estar dando ayudas a las centrales eléctricas de carbón“, advierte Jenowein.

Cómo puede ayudar el sector inmobiliario

El entorno construido también puede contribuir a reducir la contaminación del aire. Las paredes verdes y los techos que absorben sustancias contaminantes se han convertido en una tendencia por todo el mundo.

A pesar de los desafíos, la aplicación de las medidas de reducción de la contaminación del aire puede tener beneficios inesperados. En Madrid, tras el cierre de emergencia de nueve días en la Gran Vía, las empresas de la vía principal señalaron un aumento del 15 por ciento en la facturación en comparación con el año anterior.

Las ciudades limpias traen obvios beneficios para la salud de sus habitantes. Los que viven en zonas peatonales también disfrutan de una reducción de la contaminación acústica.

Sin embargo, como señala Jenowein, las zonas libres de vehículos traen un nuevo conjunto de consideraciones en la planificación urbana. “Hay que tener cuidado de no favorecer a una parte de la población y restringir el acceso a aquellos con movilidad limitada, como los ancianos, los discapacitados y los padres con hijos“, concluye. “Todo el mundo debería beneficiarse“.

 

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