Pasado, presente y futuro del sector bancario español

Año 2008: tras el estallido de la crisis financiera, las autoridades se embarcan en un proceso coordinado de revisión normativa con el objeto de abordar la corrección de las deficiencias detectadas, fortalecer el sistema financiero y favorecer la vuelta al crecimiento económico. Diez años después, nos encontramos con un sector transformado gracias al proceso de fortalecimiento, desapalancamiento y restructuración del sistema financiero, así como al impacto de la política monetaria.

Tal y como pone de manifiesto el informe Tendencias Inmobiliarias en el Sector Bancario Español que JLL acaba de publicar, el proceso, cuyo hito fundamental es el establecimiento del marco regulatorio de Basilea III, ha afectado a los aspectos más relevantes de la gestión de las entidades y al funcionamiento de los mercados. Pero, ¿qué ha cambiado respecto a hace 10 años? Grosso modo, las entidades financieras han transformado sus balances y marcos de gobernanza en aras de fortalecer su estructura financiera, sanear sus balances y controlar mejor sus riesgos.

En primer lugar, la banca española ha incrementado sus niveles de solvencia de forma apreciable, con un crecimiento superior a 500 puntos básicos en los ratios de capital entre 2010 y 2016. Asimismo, se han implantado cambios en los requerimientos de capital correspondientes a la cartera de negociación, se ha incrementado el control de las operaciones de derivados OTC a través de entidades de contrapartida central y se ha reformado el sistema de incentivos en las entidades. Todo ello con el objetivo de empujar a las entidades hacia actividades con menores niveles de riesgo.

De cara a disipar las dudas y recuperar la confianza del mercado, también se han desarrollado pruebas de resistencia y revisiones de calidad de los activos, junto con normativas sobre provisiones contables y prudenciales más conservadoras.  resultado el fortalecimiento de los balances, favoreciendo la capacidad para deshacerse de activos dañados y, al mismo tiempo, ha modificado la orientación en la gestión de riesgos introduciendo el análisis de stress en los marcos de decisión. Adicionalmente, conviene subrayar la influencia del reforzamiento del marco supervisor.

El largo proceso de desapalancamiento que han experimentado las entidades financieras españolas ha contribuido al saneamiento de sus balances, traduciéndose en una reducción generalizada de sus activos totales ligados a la reducción del crédito a empresas y familias. Según datos del Banco de España, entre principios del 2012 y el primer trimestre de 2014, los activos totales de las entidades se redujeron en un 13%, impulsado por un descenso del crédito en un 19%. Dicha variación fue la respuesta a un período de fuerte expansión, que tuvo su máxima expresión entre 2002 y 2008 con un aumento de los activos en un 138% y del crédito en un 169%.

Otro de los factores de transformación ha sido la restructuración del sistema financiero gracias a un proceso de concentración muy acusado. Como resultado, el número total de entidades de crédito nacionales se ha reducido en un 50% desde 2010, gracias fundamentalmente a la reorganización y conversión en bancos de las cajas de ahorro, que han pasado de ser 36 a tan solo dos. El número de bancos también se ha reducido de 52 a 42 en el mismo período.

La envergadura del proceso es patente en la composición de los 12 grupos bancarios más importantes, cuya supervisión directa corresponde al Banco Central Europeo, que cuenta con más de 60 entidades que operaban de manera independiente antes de la crisis.

Cada reto, una oportunidad 

El primer desafío para la banca es la situación económica, marcada por el entorno macroeconómico y la política monetaria. Para los próximos años se prevé una senda estable de crecimiento, aunque perdiendo algo de intensidad debido, entre otros factores, a una orientación más neutral de la política fiscal y al impacto moderado del abandono de la política monetaria expansiva.

Como consecuencia de ello se espera una recuperación de las rentabilidades de los activos en poder de los agentes económicos. Las entidades financieras serán las principales beneficiadas, ya que la esperada subida de tipos, tras un breve periodo inicial de ajuste, tendrá un efecto positivo en los estrechos márgenes actuales; lo cual debe actuar de palanca principal en la recuperación de la rentabilidad.

No obstante, los beneficios del previsible nuevo entorno de tipos deberán verse acompañados de medidas adicionales como la reducción de costes, las mejoras de eficiencia y, sobre todo, la reducción de activos no productivos: préstamos non performing (NPLs) y activos inmobiliarios (REOs).

Las condiciones del mercado continuarán ofreciendo, en el corto a medio plazo, una oportunidad para las entidades a la hora de reducir sus activos. Por tanto, se espera un aumento de las cifras de desinversión, que incidirá positivamente en la consecución del reto de elevar los niveles de rentabilidad.

La regulación es otro reto prioritario. Hemos asistido a un “tsunami regulatorio” con el fin de prevenir una nueva crisis financiera. Sus efectos se han percibido en forma de mayores niveles de capital en los bancos, menor riesgo y mayor supervisión.

La novedad regulatoria con mayor impacto es, sin duda, la entrada en vigor de la normativa contable IFRS 9. Además de incluir cambios en la definición de las carteras contables, se establece la obligación de provisionar en base a las pérdidas esperadas (no a las incurridas como hasta ahora) los potenciales incumplimientos de pago por parte de los deudores.

La revolución tecnológica constituye otro de los grandes desafíos que afecta a todos los sectores, incluida la banca, aunque al mismo tiempo representa una gran oportunidad para las entidades que consigan digitalizar sus servicios. Usuarios que demandan gestionar todos sus productos financieros de forma centralizada, sin requerir presencia física; el desarrollo exponencial de nuevas empresas (FinTech), el creciente peso de los clientes digitales en las principales entidades financieras globales españolas o el auge del big data, la ciberseguridad y Blockchain. Todo ello invita a pensar que la creación de nuevos servicios por parte de los bancos será continua en los próximos años, en aras de mantener la fidelidad de los clientes actuales y captar a las nuevas generaciones de nativos digitales, crecer en número de clientes y luchar con una nueva competencia.

Las entidades afrontan también el reto de mantener la confianza del cliente bancario. En este sentido, la transparencia constituye una potente herramienta para paliar la desconfianza. Pero más allá de la confianza, los bancos deben esforzarse por brindar el mejor servicio a sus clientes. Aquí es donde la tecnología y los datos entran en juego, pudiendo hacer lo inimaginable por el consumidor. Así pues, el negocio bancario que conocíamos ha evolucionado. Antes basado en una infraestructura en torno al dinero, ahora se enfoca en la automatización. Todo con el fin de mejorar la experiencia del cliente.

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